21 de febrero de 2006 |
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"...se os ordena a vosotros, familias todas de la casa de Israel, que, si os dejáis bautizar y os postráis adorando al Dios de los gentiles, lo mejor de la tierra comeréis, como yo hoy. Habitaréis en el país y comerciaréis; pero si os negáis, desobedecéis y el nombre de mi Dios no reconocéis y a mi Señor no servís, levantaos, salid de entre mi pueblo, de las tierras de Sefarad y de Sevilla, Mallorca y Cerdeña, que están bajo mi dominio. Que en el plazo de tres meses no quede nadie que séllame con el nombre de Jacob en ningún estado de mi reino." Slomoh Ibn Verga, La Vara de Yehuda. El Edicto de Expulsión del 31 de marzo del 1492, marcó el fin oficial de la pujante actividad de las distintas comunidades judías que existían en Sefarad.
LA JUDERÍA Abraham Macabeo de la Torre¡Oh estrella de la paciencia, en el azul de la noche brilla, clara estrella! Los que aquí te vieron te verán también en las torres altas de Jerusalem. Antonio Machado De Cancionero Apócrifo. Doce poetas que pudieron existir
Historia de la antigua Judería de Sevilla.
Calle típica de la Judería de Sevilla
La matanza de la Judería Sevillana. En la primavera de 1391, el Arcediano de Écija, don Fernando Martínez, comenzó a recorrer la ciudad de Sevilla, arengando y exhortando a los sevillanos en contra de la raza judía. En aquella época vivían en Sevilla, sin mayores dificultades en su convivencia, judíos, moriscos y cristianos. Desde la conquista de Sevilla por Fernando III, la autoridad de los reyes había velado por respetar y hacer respetar los derechos de las minorías hebrea y musulmana, dejándoles el libre culto de sus religiones respectivas, en una mezquita sita en la Plaza de San Pedro actual y las tres Sinagogas, la una en lo que ahora es la Plaza de Santa Cruz, otra en lo que ahora es iglesia de Santa Maria la Blanca y otra en el actual templo de San Bartolomé. Ocurrió, pues, que don Fernando Martínez, llevó sus predicaciones mucho más allá de lo que la prudencia aconsejaba, soliviantando los ánimos populares contra los judíos, bajo un acendrado fervor religioso. En el mes de marzo estalló al fin el odio sembrado por el Arcediano de Écija, promoviéndose un motín popular, en el que la plebe, entró por el barrio de la Judería, saqueando las tiendas, y maltratando a los moradores. Al saber la noticia acudieron con alguaciles don Alvar Pérez de Guzmán, Alguacil Mayor de la Ciudad y los alcaldes mayores Ruí Pérez de Esquibel y Fernando Arias de Cuadros; dos de los alborotadores fueron condenados a azotes. Esta impunidad alentó al populacho, que enardecido con nuevas palabras del Arcediano de Écija, el día 6 de junio a los gritos de "a muerte a los judíos", entraron nuevamente en el ya saqueado barrio. Esta vez el pueblo bajo no se detuvo en saquear sino que con cuchillos, dagas y herramientas se dieron a buscar a los judíos persiguiéndoles como a las fieras por las estrechas calles de la Judería. En aquel entonces la Judería comprendía los actuales barrios de Santa Cruz, Santa María la Blanca y San Bartolomé, y estaba separado del resto de la ciudad por un muro, casi muralla, que bajaba desde el comienzo de la calle Conde Ibarra, pasando por la plaza de las Mercedarias, hasta la muralla de la ciudad, Así el barrio judío quedaba encerrado, por un lado, por el muro del Alcázar, callejón del Agua arriba. Por otro lado, por ese muro de la calle Conde Ibarra; por abajo por la muralla de la ciudad que iba bordeando la puerta de Carmona, Puerta de la Carne, a enlazar con el Alcázar. Y por arriba otro muro desde Santa Marta al Alcázar y por Mateos Gago a Conde de Ibarra. Este barrio judío solamente tenía dos puertas, una en Mateos Gago, y otra, la Puerta de la Carne, al campo. Por ambas puestas, a la vez, se precipitó el populacho, para impedir la huida de los hebreos. Hombres, mujeres y niños fueron degollados sin piedad, en las calles, en sus propias casas, y en las sinagogas. La matanza duró un día entero y perecieron la enorme cifra de cuatro mil criaturas. Los pocos supervivientes huyeron fuera de Sevilla, pasado algún tiempo, y no sin recelo volvieron algunas familias judías a Sevilla, reconstruyendo sus tiendas y sus casas. Sin embargo, jamás volvió a haber un barrio judío. De las tres Sinagogas, dos fueron expropiadas, y convertidas, la una en parroquia de Santa María de las Nieves -vulgarmente llamada la Blanca-, y otra en Parroquia de San Bartolomé, la tercera en la Iglesia de Santa Cruz, pero no la actual, sino que estuvo en el terreno que hoy ocupa la Plaza de Santa Cruz. Los judíos de Sevilla no volvieron a reponerse de aquel exterminio; por lo cual el decreto de expulsión de los judíos dictado por los Reyes Católicos en 1492 fue notado en todas las ciudades del reino, menos en Sevilla, de donde no se expulsó prácticamente a nadie, puesto que no había ya judíos prácticamente en nuestra Ciudad. En la actualidad la Comunidad Israelita de Sevilla carece de Rabino, no desarrolla ninguna actividad cultural o docente, cuenta con muy pocos miembros y se limita a los servicios del Shabat, celebración de las Fiestas Mayores y enterramientos. Una pena. Bibliografía:
Allí está ella detrás de una celosía cualquiera...
Allí está ella detrás de una celosía
cualquiera, hermosa, melancólica y llena de añoranza. Recuerda sus días de
gloria en la que era el centro de Sefarad, requebrada por poetas, cantada a
los cuatro vientos y llorada por los que tuvieron que marchar, es la Judería
Sevillana.
Cuando era muy joven, allá por el siglo IV,
vio establecerse en sus calles a hombres y mujeres que al saludarse decían
“paz”, iluminaban sus hogares y rezaban a la luz de siete velas, y cantaban
a las muchachas, pícaras cancioncillas. Decidió ser humana y se transformó
en la judía más bonita y seductora. Tanta hermosura no pasó desapercibida y
un buen día, un hombre con larga barba blanca, llamó a su puerta para
decirle que tenía pretendientes: Isaac, el traductor, Yehudá, el médico, y
el joven Samuel, su propio hijo. Pidió conocerlos y tras muchas palabras de
amor, versos encendidos y sonrisas coquetonas, se decidió por Samuel, el
hijo del hombre de la Ley.
En una mañana radiante entró con sus
mejores galas de novia en la Sinagoga de Samuel Ha-Leví. Era la más
importante de Sevilla., Refulgían los menorot, el altar de los Rollos estaba
espléndido. Se encaminó al dosel de seda donde la esperaba Samuel sonriente.
Sus amigas le miraban con envidia desde los suntuosos bancos destinados a
las mujeres. Oía como en un sueño las palabras del Rabí, en adelante su
suegro. El hazam cantaba al Dío de Israel.
Que decir tiene de lo que ocurrió en la
fiesta: el fino cristal de la copa de ofrenda en memoria del Templo de
Jerusalem se quebró al tirarla al suelo Samuel. Fueron alzados por parientes
y amigos por encima de kipot ricamente bordadas y lujosos tocados
femeninos. Comieron cordero, mazapanes y milhojas y bebieron el mejor vino
de la ciudad. Cuando todo era una deliciosa algarabía de música y baile.
Samuel la cogió de la mano y salieron por estrechas callejuelas de hermosos
nombres: Archeros, Verde y así hasta su nueva casa en la calle Levíes. Era
una imponente casa con portón de la mejor madera y una refulgente estrella
de David en el centro. En la jamba derecha la pequeña mezuzáh de plata y
cristal de roca, regalo del todopoderoso hombre de confianza del rey.
Entraron...
Su vida transcurría placentera y feliz. Un
día paseando con sus amigas por la calle Lirios se desmayó. Esperaba su
primer hijo. A lo largo de los años vinieron hasta seis más.
Vio crecer a los hijos de sus hijos y a los
hijos de los hijos de estos. Formaron una gran familia. Estudiaron y se
convirtieron en médicos, poetas, maestros de la Ley, traductores.
A medida que la gran familia crecía se
añadieron calles a nuestro barrio: Agua, Doncella, Vida, y Sinagogas hasta
trece. Eran prósperos y vivían en paz. Tenían vecinos musulmanes y vecinos
cristianos.
Desde su casa de Levies oía los cánticos
del Shabat de la Sinagoga de enfrente: “Quien guarda el Shabat el Dío lo
guarda a él...”
Pasaron los siglos, estamos en el XIII,
vivían felices y nuestra comunidad hebrea era una de las más importantes de
Sefarad.
De pronto se quebró la paz y la quietud.
Llegamos al siglo XIV, no corren buenos tiempos. A algunos de nuestros
vecinos cristianos no les gusta que no comamos cerdo, que el sábado
santifiquemos la fiesta y nos pongamos ropas limpias. Se nos acusa de
comernos a sus niños, nosotros que consideramos la sangre impura. Hay miedo
en las calles. Levies ya no es segura, ni Gloria, las Sinagogas aparecen con
las puertas quemadas. Se nos acusa con el dedo ¿Qué le pasa a nuestros
vecinos? Nos preguntamos desconcertados. Antes nos encargaban trabajos de
orfebrería y platería, curábamos a sus enfermos, atendíamos a las paridas,
nos solicitaban prestamos y ahora nos miran con recelo. ¿Qué les hemos
hecho? De noche nos cierran La Puerta de las Perlas, al lado de donde
descansan para siempre nuestros antepasados.
Esa sombra oscura, tétrica y malhada del
Arcediano de Écija, Ferrán Martínez nos da escalofríos, desde el púlpito
pide nuestra muerte. Solo queda orar mirando a Jerusalem, clamar al Dío de
Israel. Aún hoy nos estremecemos al rememorar su recuerdo.
En las calles el viento grita: somos
sevillanos, hemos nacido aquí y queremos descansar cuando nuestro Dío lo
disponga.
Pero la palabra negra del Arcediano no
calló. Hubo ataques, incendios y destrucción. Se pide ayuda al rey y al
arzobispo. Prometen su intercesión.
Pero ha prendido la mecha de la barbarie,
la injusticia. Cada Shabat es una tortura llegar a las Sinagogas, cuando
salimos esperan las antorchas, los salivazos y los gritos: muerte, muerte.
Con la llegada de la primavera, en el
fatídico 6 de junio 1.391 hubo un motín, con saqueos e incendios. Tuvieron
que intervenir don Alvar Pérez de Guzmán, Alguacil mayor de Sevilla y los
alcaldes mayores Rui Pérez y Fernando Arias. Se prendieron sólo a dos
culpables y fueron azotados.
Pero esto, no paró a la muchedumbre, sino
que les sirvió de acicate. Nuevamente los judíos fuimos perseguidos con
cuchillos por todo nuestro barrio, Ximénez de Enciso se tiñó de sangre,
pendiente abajo corría sangre inocente, hasta los tobillos llegaba, dicen
los cronistas. De una aljama floreciente y de unas 20.000 personas quedaron
unas cincuenta familias: niños, ancianos y mujeres yacían por todas partes.
Los hombres de la Ley que sobrevivieron, no pudieron dar a la “tierra
tuesta, ni tañida ni tocada” tanto cadáver.
La bella judería sevillana se refugió en
Céspedes enloquecida de dolor, clamaba al Dío, ¿por qué? . Hasta que no pudo
llorar más. Se secaron sus lagrimas, enmudeció el Hazam para siempre. El de
la voz de trueno: Shemá Israel, Adonai Elohéinu, Adonai Ejad.... no se
oiría más. Solo unos pocos rezos en casa, el Kadish de los muertos: “Que
sea el Nombre de Dío bendito desde ahora y hasta la eternidad”. Y el olvido
y el silencio.
Todavía tendría que pasar una nueva prueba:
los reyes de los cristianos no nos querían en sus tierras: o la conversión o
el destierro. Nuestra judería judaizó, aparentó ser cristiana, pero en el
fondo de su alma era hebrea. Las velas del Shabat eran encendidas por manos
femeninas. A los nuevos santos se les iluminaba con siete velas. Y ella
siguió entonando en silencio y a solas los rezos de los suyos.
A lo largo de los siglos languideció, pero
su inmarchitable belleza quedó ahí: joven y lozana, lo único que habían
cambiado eran sus ojos. ¿Qué hacía falta para que fueran los mismos, alegres
que enamoraron a Samuel? Que se reparara la injusticia, que le susurren al
oído palabras en hebreo, y que recordaran a su familia muerta o desterrada.
Y por fin su Dío la escuchó, 6oo años más
tarde, la cultura Sefardí ocupará el lugar en la historia de Sevilla y de
Sefarad que le corresponde, sus habitantes serán recordados y se hablara
ladino en sus calles.
La novia destrenza el pelo
Se desmaya el caballero
Ay novia vente a mi lado
Gozarás vicio y regalo
Gozarás de buen marido
Quitarás ansia y suspiro
Ay novia de la cara blanca
Donde su novio se resmirara.
Sol G. de Valls
Iglesia de San Bartolomé, una de las antiguas Sinagogas de Sevilla hasta el S.XIV.
Mausoleo de Fernando III en la Capilla Real de la Catedral de Sevilla en hebreo, y árabe. San Fernando quiso que no se le hiciera estatua yacente; pero en su sepulcro grabaron en latín, castellano, árabe y hebreo este epitafio impresionante: «Aquí yace el Rey muy honrado Don Fernando, señor de Castiella é de Toledo, de León, de Galicia, de Sevilla, de Córdoba, de Murcia é de Jaén, el que conquistó toda España, el más leal, é el más verdadero, é el más franco, é el más esforzado, é el más apuesto, é el más granado, é el más sofrido, é el más omildoso, é el que más temie a Dios, é el que más le facía servicio, é el que quebrantó é destruyó á todos sus enemigos, é el que alzó y ondró á todos sus amigos, é conquistó la Cibdad de Sevilla, que es cabeza de toda España, é passos hi en el postrimero día de Mayo, en la era de mil et CC et noventa años.»
Epitafio multilingüe de Fernando III en la Catedral de Sevilla
Isaac Abrabanel (S. XV) Los Abrabanel, fueron una antigua familia judía de
Sevilla, que cuando se desataron las persecuciones en 1391 tuvieron que
emigrar a Portugal, aunque problemas ulteriores en ese país obligaron de
nuevo a la familia Abrabanel a atravesar la frontera (1483) en sentido
inverso. Para ese entonces Isaac Abrabanel era un hombre de amplia erudición
y un sabio talmudista. Escribió comentarios a los libros de los profetas y
sobre los libros de Josué, Jueces y Samuel, todos ellos en lengua hebrea.
Nuestra Asociación desde hace dos años viene luchando porque las distintas Administraciones Públicas recuperen y devuelvan la dignidad que merece, al por ahora, único conjunto hallado de inhumaciones (Bet Olam) de la época de oro de la Sevilla Sefardí. Hemos estudiado la bibliografía que de esta excavación existe y consultado con arqueólogos especialistas en cultura hebrea, en Estudios Bíblicos y Talmúdicos y otros miembros de equipos multidisciplinares relacionados con esta temática. Dicho conjunto arqueológico se encuentra ubicado en las inmediaciones de la actual Puerta de la Carne (o Puerta de Las Perlas). Se llevaron a cabo dos campañas arqueológicas con la consiguiente aparición de tumbas, restos cerámicos, posiblemente romanos, trozos de lápidas funerarias y, por supuesto, restos humanos judíos, algunos de ellos en lamentable estado de conservación. Fueron hallados hombres, mujeres y niños de todas las edades. Pensamos que es una parte de la historia de Sevilla que habría que recuperar para el conocimiento de todos los sevillanos y visitantes.
Actual Diputación Provincial, bajo cuyos cimientos se encuentra parte de estos yacimientos. Cambiando el suelo del patio central de la misma por uno de cristal sería visible una parte importante de dicha necrópolis Hebrea.
Aparcamiento subterráneo frente a la Diputación, para su construcción se expolio otra parte de los citados yacimientos. Como se aprecia su utilización no es plena y, normalmente, está semi vacío. ¡¡¡Y se quiere hacer otro nuevo!!! También, con un poco de voluntad, se podría hacer visible parte de esta Necrópolis.
Parte de los restos hallados en las excavaciones. Los judíos sevillanos se hacen del Rey POR J. FÉLIX MACHUCA
2-1-2008 10:19:16
![]() Los Reyes, con las infantas Doña Beatriz y Doña Cristina, durante una visita a Sevilla en la Semana Santa de 1927
La vuelta a la tierra de los abuelos, tantas veces cantada, salmodiada y soñada por los hijos de los hijos de los hebreos en el exilio, no fue, al parecer, fiel al mito y a la poesía. En aquel año, según el catedrático Méndez Bejarano, autor de la «Historia de la Judería de Sevilla» (año 1914), los que regresaron eran pequeños comerciantes procedentes de Tetuán en su mayoría, si bien también engrosaron la lista de vuelta hebreos de Mogador, Rabat y Tánger. Aquellos primeros israelitas que abrieron las puertas del regreso se dedicaban a la venta de humilde calzado norteafricano y al comercio de dátiles de Berbería. Y, al parecer, eran pobres y poco instruidos. En 1914, cincuenta y cuatro años después de la vuelta cantada y soñada, hay en nuestra ciudad judíos con más de cuarenta años habitando entre nosotros. Curiosamente, para vivir y revivir lo tantas veces cantado y declamado en la nostalgia del exilio, no se ubicarán en las inmediaciones de la antigua judería. Aquella que abandonaron para no renegar de sus ideas y que alimentó, durante siglos, el mito del tesoro judío enterrado bajo los jardines de sus casas. Todo lo contrario. Se ubicarán en un punto absolutamente opuesto a San Bartolomé. Y entre la calle Feria y la calle Lumbreras vivirán cerca de doce familias mosaicas dedicadas, en gran parte, a actividades comerciales ya de cierto rango. El esplendor de la colonia sefardita sevillana, desde aquel regreso de 1860, se cimenta sobre los esfuerzos del doctor Yahuda, originario de Jerusalén y profesor en el seminario islámico de Berlín. El y un contacto londinense, Herbert P. Lousada, consiguieron darle al asentamiento judío sevillano un rabino permanente, elevando de tal forma el nivel de formación religiosa y humana de los hebreos locales. Está de más decir que el tal Herbert P. Lousada fue el apoyo económico sobre el que se erigió y musculó la primera comunidad judía en España tras la expulsión. En unas declaraciones a «The Jews Chronicle» Yahuda comentó: «No olvidaré jamás la memorable reunión en la que se acordó la constitución de la primera comunidad israelita que se establece en España desde los tiempos de la expulsión, precisamente en Sevilla, donde floreció, hace más de quinientos años, una de las mayores juderías del mundo...» En 1914, año en el que Mendez Bejarano documenta la memoria del regreso judaico, el rabino de la colonia sefardí en Sevilla se llamaba Salomón Cohen, también procedente de África. Hablaba perfectamente el español y el árabe vulgar. Además del rabino, la comunidad israelí de aquel tiempo estaba representada por David Pilo Farache. La sinagoga estaba ubicada en la calle Lumbreras y era pequeña, modesta y reducida. Durante la primera década del pasado siglo, estos viejos recién llegados se dedican a la confección y venta de calzado, a la joyería y a la fabricación de dulces que van a vender en las principales ferias andaluzas. Como se ve, frente a los que llegaron a mitad del XIX, estos descendientes de la generación del regreso, han progresado en la escala comercial y Méndez Bejarano los ve como gente sobria «trabajadores y prudentes; las mujeres son honradas, amables y buenas amas de casa. No se recuerda que la autoridad judicial haya tenido que intervenir en ningún escándalo o delito» con judíos de por medio. En 1904, la nueva judería sevillana, vivió uno de sus días más celebrados. Los reyes de España, Alfonso XIII y Maria Cristina, en una de sus frecuentes viajes a nuestra ciudad, aceptaron la invitación de la colonia judía que, en el número 144 de la calle Feria, los recibieron como al mismísimo rey David. Los hebreos sevillanos engalanaron la casa con telas con los colores nacionales que cubrían la fachada así como con mantones de Manila que «formaban pabellones entre los que se veía un tapiz árabe antiguo y muy valioso», señala Bejarano. Los sefarditas hispalenses exhibieron pancartas con las siguientes consignas: «¡Viva el Rey Alfonso XIII ¡ ¡La colonia hebrea a don Alfonso!» Otra pancarta escrita en la lengua de Moisés indicaba: «Bendito sea en su entrada. Bendito sea en su salida», refiriéndose al Rey. A la Reina, igualmente, le dedicaron otras pancartas de insobornables adhesiones. Aunque no eran muy dados a la acción política, entre los judíos sevillanos, asegura Méndez Bejarano, se contaban muchos republicanos. Pero desde la visita de Alfonso XIII en 1904 «y como consecuencia de la amabilidad con la que el rey los trató» numerosos hebreos se hicieron monárquicos. Ellos que son súbditos del Rey de Reyes, consiguieron en Sevilla, la primera tierra donde se establecieron tras el agrio y largo éxodo peninsular, comenzar de nuevo aquella vieja historia vivida en Sefarad gracias a la bondad de un Rey que los saludó como lo que eran: viejos españoles a la búsqueda de una España que los quisieran...
Bibliografía: ¿Judíos o Cristianos? - Victoria González de Caldas De la muerte en Sefarad - VV.AA. Correspondencia particular de la Asociación Inhumaciones hebreas en Sevilla. SS. XIII y XIV (Formato PDF) Historia de la Judería de Sevilla (Formato PDF)
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