![]() 04 de noviembre de 2007 |
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Entrada al campo de Auschwitz Birkenau
Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española en su 2ª acepción, Holocausto es una gran matanza de seres humanos. Las matanzas de judíos durante la Edad Media en Europa y es especial en la Península Ibérica, no alcanza las cifras del Holocausto Nazi pero también hay que tener presente que la población europea total no era la misma en 1391 que en 1945. Por ello, en esta sección, encontraremos referencias a las matanzas de 1391, la expulsión de 1492, las actuaciones de la Inquisición, y el Holocausto propiamente dicho y también desde el punto de vista de aquellas personas, conocidas unas y anónimas otras, que expusieron sus vidas o fueron en contra de las "normas y leyes" del momento, para salvar vidas de judíos.
En el Talmud (Sanhedrín 97b; Sucá
45b) leemos: "Abaie dijo: 'En el mundo, cada generación no tiene
menos de 36 personas justas sobre las cuales la divina Presencia reposa, ya
que está dicho "El Eterno espera para tener piedad de vosotros; por eso, se
levanta para tener misericordia de vosotros. Porque el Eterno es un Elokim
de justicia, ¡bienaventurados son todos los que esperan en él!"
(Ieshaiá / Isaías 30:18), cuya última palabra equivale
al número 36.'"
Noche de los cristales rotos Noche del 9 al 10 noviembre de 1938 Prof. Ángela Waksman
Visado "de protección" concedido por la Legación Española en Budapest a Judíos Sefardíes.
Giorgio Perlasca En la Budapest filonazi de 1944, el italiano Giorgio Perlasca se fingió cónsul español para proseguir en su tarea de salvamento de judíos, iniciada por el embajador Ángel Sanz Briz. Los casos de Perlasca y Sanz Briz ilustran la contradictoria política del general Franco respecto al judaísmo. La extraordinaria peripecia del italiano Giorgio Perlasca, convertido por avatares de la historia en el español Jorge Perlasca, ilustra cómo el coraje crece ante la ignominia, y también cómo algunos regímenes dictatoriales presentan contradicciones que, inexplicablemente, contribuyen a salvar vidas. En octubre de 1944, el nuevo Gobierno filonazi de Hungría, comenzó la persecución antisemita, y Sanz Briz, luego llamado el ángel de Budapest, desempolvó un decreto de 1924 del general Primo de Rivera, que concedía la nacionalidad española a los judíos sefardíes (descendientes de los expulsados en 1492 por los Reyes Católicos). Con la tácita aquiescencia del Gobierno franquista -que compaginaba sin problemas la teoría del "conjudeo-masónico" con el apoyo a judíos perseguidos-, Sanz Briz se lanzó a dar documentos otorgando la nacionalidad a sefardíes y no sefardíes, tarea en la que le ayudó Perlasca. El italiano, que se encontraba en Budapest comprando carne para el Ejército de su país, se presentó en la embajada cuando el armisticio de 1943 entre Italia y los aliados le convirtió en prisionero de alemanes y húngaros. Perlasca logró huir, y mostró a Sanz Briz una carta manuscrita del general Franco, dada durante la Guerra Civil, que decía: "Querido camarada: en cualquier parte del mundo en que te encuentres, dirígete a las embajadas españolas". De un plumazo, Sanz Briz le entregó un pasaporte español convirtiéndolo en Jorge Perlasca. Los desvelos de ambos condujeron a la salvación de 5.200 judíos húngaros, a quienes Sanz Briz alojó en casas junto al Danubio, protegidas por letreros que rezaban "anexo a la legación española". Cada semana enviaba un camión de comida, a la espera que las autoridades húngaras les concedieran el salvoconducto para salir del país. Pero, a fines de 1944, cuando era evidente que los aliados iban a ganar la guerra, Madrid, para no reconocer al Gobierno nazi húngaro, ordenó al embajador que cerrara la legación y se trasladara a Suiza. Fue entonces cuando Perlasca, de 34 años, aseguró que Sanz Briz estaba de misión en Berna, y, fingiéndose cónsul, continuó protegiendo a los judíos que quedaban en las casas y otorgando pasaportes. Cuando el Ejército Rojo liberó Budapest, Perlasca regresó a Italia, y envió una carta a Madrid explicando lo hecho: "Me atrevo a pensar que el pleno éxito de mi obra, por sus altas cualidades humanitarias, no desdice el decoro de España y de sus grandes tradiciones civiles...". Giorgio Perlasca no contó a nadie su gesta, hasta que un grupo de protegidos le localizó en 1988 y le cubrió de homenajes. Murió en 1992, y su nombre figura, junto al de Sanz Briz, con el título de Justos de las Naciones en Yad Vashem de Jerusalén. A su hijo le puso el nombre de Franco.
El Cónsul General de España en París, Excmo. Sr. D. Bernardo Rolland es otro de los españoles, que de forma anónima y desinteresada, aprovechando su situación salvó de la muerte a numerosos judíos sefardíes franceses. En breve añadiremos más datos de su vida.
Raoul Wallemberg
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Este sitio se actualizó por última vez el 04 de noviembre de 2007